Uno no sabe de lo que es capaz…


…hasta que se pone, y lo hace.

Me gustaría compartir este post o entrada publicado hace años en mi otro blog, dedicado a Educación, (La Pizarra de Clase) y que por razones personales tengo especial cariño. Fue un reto grande para mí enmarcado en semanas difíciles. Gracias a la compañía de personas muy importantes en mi vida pude terminarlo. Nos lo pasamos bien.  La dificultad no estribaba en las distancias, sino en los muros mentales y emocionales. Y dice así:
P5263324Decía Gandhi “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.”Así es justamente como me siento: victorioso. Sin embargo no he ganado nada de reconocimiento público.

Hace unos meses me propusieron un reto. Era un reto deportivo aparentemente fácil: un pequeño triatlón (llamado Flash). Las distancias de esta modalidad son muy cortas. Sin embargo las dificultades no se encontraban en las características de la prueba sino en las características particulares.

Hace unos meses me propuse entrenar concienzudamente; sobre todo la disciplina de la natación, que es la que peor llevo. Pensaba que este año sería como los anteriores y podría disponer del mismo tiempo para hacer deporte. Pero algunos cambios, compromisos y situaciones excepcionales me impidieron disponer de ese tiempo y sin embargo tener una serie de fuertes emociones que sin duda han influido en mi estado físico y anímico.

Mientras tanto y según se acercaba la fecha tenía sentimientos contradictorios: la ilusión de hacer la prueba y los deseos cada vez más intensos y racionales de “tirar la toalla”. Yo no estaba fino físicamente, ni mentalmente y la distancia de natación era demasiado larga para mi.

Faltaban dos días y me puse enfermo. ¿Los nervios? Algo tuvieron que ver; pero había algo más.

Esos últimos días la lucha interior era mayor. Sólo el corazón me decía que tenía que intentarlo. Recordaba constantemente lo que me han enseñado mis padres: “lo que se empieza, se termina” o “no dejes nunca nada a medias”.

Me dejaron unas gafas y un mono de triatlón y empujado por “no se qué”, de repente me vi allí, al borde del agua del Lago de la Casa de Campo. Sólo faltaba yo por saltar. Y salté.P5263319
La verdad es que lo pasé mal en el agua. Tardé mucho y pensé en abandonar. Luego me dije a mi mismo: “¿Cómo voy a retirarme ahora, si acabo de empezar? Esto lo tengo que terminar como sea”. Pensaba en mi hija y en la ilusión con la que se acercaba a la Casa de Campo para ver a su papá “competir en tres deportes juntos”.
Y lo terminé. Esa fue mi victoria; el esfuerzo físico y sobre todo el psicológico. Da igual los tiempos y las posiciones.
Fue un esfuerzo total: una victoria completa.

(Espero sirva como motivación a todos aquellos que se propongan retos
deportivos o de cualquier otro tipo. En mi calendario, ya tengo apuntados varios “esfuerzos totales” para hacer. Estoy seguro de que al igual que con este “esfuerzo total” contaré con el apoyo incondicional de familiares y amigos, sin duda parte importante de la motivación)

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